Por: Román Suarez
Consejero Nacional de Turismo Inclusivo
La movilidad dejó de ser un asunto operativo para convertirse en una variable estratégica. En turismo, la experiencia comienza desde que el visitante planea su viaje y termina cuando regresa a casa. En cada punto intermedio, aeropuerto, transporte, hotel, centro histórico, playa, museo, la facilidad o dificultad de desplazamiento define percepción, gasto y probabilidad de retorno.
En México, el debate sobre accesibilidad no puede limitarse a la infraestructura física. De acuerdo con el INEGI, más de 20 millones de personas en el país viven con algún tipo de discapacidad o limitación. Si se suma la tendencia de envejecimiento poblacional, tanto nacional como en mercados emisores como Estados Unidos y Canadá, el tamaño del mercado potencial es estructural, no coyuntural.
A nivel internacional, Naciones Unidas ha establecido con claridad que la accesibilidad forma parte de los derechos fundamentales a través de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. En paralelo, la Agenda 2030 integra este enfoque en el ODS 8 (crecimiento económico), ODS 10 (reducción de desigualdades) y ODS 11 (ciudades inclusivas y sostenibles). No es discurso aspiracional; es marco operativo para política pública.
Algunos destinos mexicanos ya han comenzado a mover piezas.
Cancún
Cancún ha desarrollado accesos adaptados en playas públicas, ha integrado criterios de accesibilidad en certificaciones ambientales como Blue Flag y mantiene protocolos de asistencia para pasajeros con movilidad reducida en su aeropuerto internacional. La hotelería internacional, por normativa global, ya incorpora inventario de habitaciones accesibles.
Los Cabos
Los Cabos ha avanzado en accesos universales en playas y marinas públicas, incorporando rampas y equipamiento especializado. La accesibilidad aquí no compite con el turismo premium; lo fortalece. El visitante de alto gasto también envejece.
Mérida
Mérida ha impulsado adecuaciones en su centro histórico con mejoras en banquetas, señalización y programas municipales orientados a inclusión urbana. Este tipo de intervención conecta directamente con el enfoque de ciudades sostenibles promovido por ONU-Hábitat.
Estos esfuerzos todavía son parciales, pero muestran una dirección correcta. La pregunta estratégica es otra: ¿qué pasaría si la accesibilidad deja de ser iniciativa aislada y se convierte en política nacional articulada?
Según datos oficiales del INEGI, el PIB turístico en México representa alrededor del 9% del PIB nacional. Si el país integra una estrategia transversal que combine infraestructura accesible, información digital clara, capacitación del personal, certificaciones verificables y promoción segmentada hacia mercados clave adultos mayores, personas con discapacidad, turismo multigeneracional y turismo de salud podría generarse un incremento estimado entre 3% y 5% del PIB turístico en el mediano plazo.
No es una cifra retórica. Es una estimación estratégica basada en tres factores medibles:
Primero, ampliación de mercado. El envejecimiento demográfico en América del Norte y Europa es sostenido. Para 2030, más del 20% de la población en Estados Unidos y Canadá será mayor de 65 años. Ese segmento viaja y tiene poder adquisitivo, pero exige entornos predecibles y accesibles.
Segundo, aumento en tasa de conversión. Cuando un destino reduce fricciones, las rampas reales, señalización clara, transporte adaptado, información digital accesible, elimina barreras que hoy impiden la decisión de viaje.
Tercero, mayor gasto por visitante acompañado. El turismo accesible rara vez viaja solo. Multiplica noches de hotel, consumo en restaurantes, transporte local y experiencias.
En términos de competitividad internacional, la accesibilidad se convierte en diferenciador. Mientras otros destinos compiten por volumen, un destino que garantiza movilidad integral compite por confianza. Y la confianza genera repetición.
México tiene infraestructura turística consolidada, conectividad aérea robusta y una marca país posicionada. Lo que falta es integrar la movilidad inclusiva como criterio transversal de diseño urbano, inversión pública y narrativa internacional.
El turismo del futuro no será el que construya más habitaciones, sino el que diseñe mejor sus entornos. Diseñar para todos no es filantropía. Es estrategia de mercado.
Si México decide incorporar la accesibilidad como estándar nacional medible y certificable, no solo alineará su desarrollo con los parámetros de Naciones Unidas; ampliará su base de ingresos sin depender exclusivamente del crecimiento en volumen.
La movilidad ya no es logística. Es ventaja competitiva.
Román Suarez
Román Suárez es presidente y fundador de Soluciones en Tecnología Adaptada México, empresa con más de 20 años de trayectoria en la inclusión de personas con discapacidad en los ámbitos social, educativo, laboral y de comunicación a través de productos especializados. Su empresa distribuye tecnologías exclusivas en México, Centro y Sudamérica, con oficinas en México y Panamá.
Román ha participado en conferencias internacionales y cursos sobre inclusión, consolidándose como referente en el sector. Antes de fundar su empresa, trabajó en IBM México durante 5 años, liderando proyectos de apoyo a la comunidad y el desarrollo de tecnologías para personas con discapacidad. Es Ingeniero en Electrónica y Comunicaciones por la UNAM.