PORTADA ANTOON 09 DE JULIO 2026

Valle de Guadalupe: cinco días recorriendo el principal destino enoturístico de México dejan importantes lecciones para el futuro del turismo del vino.

Por: Antoon Huylebroeck
Consejero Nacional de Enoturismo

A finales de junio tuve la oportunidad de recorrer durante cinco días algunos de los proyectos más representativos del Valle de Guadalupe, en Baja California. Mi itinerario incluyó los resorts Bruma Wine Resort y El Cielo Resort; visitas y degustaciones en Viñedos L.A. Cetto, Domecq Winery, Viñedos La Reina, Monte Xanic, Viñedos Magoni, Viñedos de Garza y Las Nubes Bodegas y Vinos; además de experiencias gastronómicas en los restaurantes Fauna y Latitud 32.

Más que una visita turística, fue una oportunidad para observar de cerca la evolución del principal destino de enoturismo de México y analizar algunas tendencias que pueden resultar de interés para todo el sector.

El Valle de Guadalupe concentra actualmente alrededor de un centenar de proyectos vitivinícolas y más de 280 empresas vinculadas al enoturismo, consolidándose como el mayor laboratorio de desarrollo del turismo del vino en nuestro país. Lo interesante es que este crecimiento continúa. Durante el recorrido encontré diversos proyectos nuevos, algunos todavía en construcción, lo que confirma que la inversión en la región sigue siendo intensa.

Sin embargo, ese crecimiento no parece responder a una visión regional claramente definida. La impresión que deja el destino es la de un desarrollo ampliamente impulsado por la iniciativa privada, donde cada proyecto sigue su propio rumbo. No percibí un plan integral que oriente el crecimiento del valle como destino turístico, sino una suma de iniciativas individuales que, hasta ahora, han logrado convivir con relativo éxito.

Precisamente esa diversidad constituye uno de los grandes atractivos del Valle.

No existe una experiencia homogénea. Algunas bodegas ofrecen únicamente degustaciones; otras complementan la visita con recorridos por viñedos y áreas de producción; y algunos proyectos han evolucionado hacia experiencias de día completo que integran vino, gastronomía, hospedaje, paisaje y actividades especializadas.

En este sentido, la experiencia “Un Día en El Cielo” merece una mención especial. Se trata de un programa cuidadosamente diseñado que ocupa prácticamente toda la jornada, combinando distintas actividades y degustaciones en diversos espacios del complejo, siempre acompañadas por un sommelier con amplio conocimiento del vino. Más que una visita, constituye una verdadera inmersión en la cultura vitivinícola.

En el extremo opuesto, mi visita a Viñedos L.A. Cetto dejó una impresión distinta. Si bien se trata de una de las empresas más importantes de la industria vinícola mexicana y de un referente en volumen de producción, la atención al visitante resultó poco personalizada. El personal mostró escasa iniciativa y amabilidad, dando la impresión de estar orientado principalmente a atender grandes grupos que llegan en autobuses para recorridos rápidos seguidos de una degustación que difícilmente podría calificarse como una auténtica cata de vinos.

Esta diferencia refleja otra realidad del Valle: no todos los proyectos otorgan el mismo valor a la capacitación de quienes reciben al visitante. Mientras algunos sommeliers transmiten pasión, conocimiento y dominio técnico, en otros casos la explicación parece limitarse a un discurso memorizado, propio de un servicio de restaurante más que de una experiencia enológica.

También resulta evidente que muchos proyectos mantienen una fuerte orientación hacia el mercado estadounidense. Aproximadamente entre el 30 y el 40 % de los visitantes que observé provenían de Estados Unidos, aunque el español seguía predominando como idioma en la mayoría de los espacios visitados.

Varios responsables de bodegas coincidieron además en expresar una preocupación común: durante los últimos meses han registrado una disminución importante en el número de visitantes y un aumento en las cancelaciones de reservaciones para degustaciones y eventos privados. Entre las causas mencionadas destacan la percepción de inseguridad sobre México, reforzada por los avisos de viaje emitidos por el Departamento de Estado de Estados Unidos, así como la incertidumbre económica internacional derivada, entre otros factores, del conflicto en Medio Oriente.

Una de las conclusiones más interesantes del recorrido es que el Valle de Guadalupe ya no compite únicamente por producir el mejor vino.

Hoy compite por ofrecer la mejor experiencia integral. Arquitectura, gastronomía, hospedaje, diseño, paisaje, hospitalidad y actividades complementarias se han convertido en factores tan importantes como la calidad del vino mismo. El visitante ya no busca solamente una botella; busca vivir una experiencia memorable.

Sin embargo, encontré un aspecto que considero una enorme oportunidad desaprovechada para prácticamente todas las bodegas visitadas.

Salvo los establecimientos donde me hospedé, ninguna vinícola registró datos de contacto de los visitantes. Nadie solicitó un correo electrónico, un número de WhatsApp ni autorización para enviar información futura. Tampoco recibí una encuesta de satisfacción, un mensaje de agradecimiento, una invitación para regresar, información sobre nuevas añadas o una propuesta para integrarme a un club de vinos.

Desde una perspectiva de marketing, resulta difícil entender esta ausencia de seguimiento comercial. Después de invertir recursos para atraer visitantes, muchas empresas permiten que la relación con el cliente termine en el momento en que abandona la bodega. En un sector donde la fidelización representa uno de los activos más valiosos, esta puede ser una de las mayores áreas de oportunidad para el enoturismo mexicano.

Durante cinco días recorrí algunos de los proyectos más representativos del Valle de Guadalupe. Volví convencido de que el destino sigue siendo el referente del vino mexicano y un laboratorio de innovación para el enoturismo nacional. 

Pero también regresé con preguntas que tarde o temprano deberán responderse.

  • ¿Cuántos proyectos más puede absorber el mercado antes de que la competencia derive en una guerra de precios?
  • ¿Hasta dónde puede crecer el desarrollo inmobiliario y turístico sin comprometer el paisaje que hoy constituye uno de sus principales atractivos?
  • ¿Cuánta presión adicional podrá soportar el acuífero del Valle?
  • ¿Y no será momento de que el éxito del Valle deje de medirse por el número de nuevas bodegas y comience a evaluarse por la calidad, la sostenibilidad y la rentabilidad de las experiencias que ofrece?

Son preguntas que no solo conciernen al Valle de Guadalupe. Son preguntas que deberían ocupar a todo el sector del turismo enológico mexicano.

Antoon Huylebroeck

Antoon Huylebroeck es un profesional de perfil multidisciplinario, con una trayectoria que abarca desde el emprendimiento vitivinícola hasta el turismo, la consultoría y la gestión institucional. 

Actualmente funge como socio de la Bodegas y Vinos Triunvirato, con sede en Aguascalientes, México, lo que evidencia su interés por combinar proyectos de impacto local con su experiencia internacional.