Por:Gloria Romo
Consejera Nacional de Relaciones Interinstitucionales.
Debemos reconocer que México es una potencia turística por naturaleza, basta observar como muy pocos países concentran en un mismo territorio tal diversidad de paisajes, culturas, cocinas, tradiciones vivas, ciudades creativas, pueblos con identidad, destinos de sol y playa, naturaleza extrema, bienestar, negocios y patrimonio histórico. Sin embargo, esa abundancia no siempre se traduce en una ventaja competitiva clara en el escenario internacional. La razón no está en la falta de atractivos, sino en la ausencia de integración.
Desde mi perspectiva, el turismo nacional opera de manera fragmentada. La información se dispersa entre múltiples portales, micrositios, campañas y narrativas que rara vez dialogan entre sí. Estados, municipios, fideicomisos, cámaras empresariales y organismos públicos trabajan, muchas veces con buena intención, pero sin una arquitectura común. El resultado es un país que se promociona por partes, cuando el mercado internacional busca sistemas claros, experiencias integrales y rutas bien estructuradas.
Este vacío no es de tipo técnico ni tecnológico: es institucional. Y ahí es donde las relaciones interinstitucionales se vuelven el verdadero punto de inflexión para el futuro del turismo en México, donde se resuelve un problema de fondo que es tener un turista sin mapa y un sector sin brújula.
Una realidad inequívoca es que tanto el viajero contemporáneo como el profesional del turismo, no buscan únicamente “lugares para visitar”. Ambos desean comprender el territorio, maximizar el presupuesto y el tiempo. Para ello necesitamos saber cómo se conectan los destinos, qué subdestinos existen dentro de un mismo estado, qué experiencias se pueden vivir en una región, cómo se integran la gastronomía, el hospedaje, los eventos, la cultura y la naturaleza en una propuesta o toda una familia de ellas.
Es bien cierto que esa lectura integral es difícil, porque la información oficial suele privilegiar algunos íconos, como las zonas arqueológicas, o ciertas playas emblemáticas, los centros históricos de ciertas ciudades, etc. Pero se deja afuera gran parte del tejido turístico real como son las propias comunidades, rutas temáticas, productos especializados, experiencias locales y en general la oferta empresarial que da vida cotidiana a los destinos.
Naturalmente, hay varias consecuencias claras de tener esta fragmentación, aquí selecciono estas tres que me parecen más evidentes y apreciables:
La pérdida de competitividad internacional frente a países que presentan su oferta de forma clara y estructurada.
El desaprovechamiento de recursos públicos y privados, simplemente considere cómo se duplican o triplican los esfuerzos de promoción.
El inevitable aislamiento del empresario turístico, sí ese mismo no encuentra una vía efectiva para integrarse a una narrativa nacional coherente.
¿Cómo resolver este enredo? Permítame compartirle lo que es una Guía-País, le aseguro que podrá identificar que es una oportunidad ¡verdaderamente integral!
Nuestro querido México necesita una plataforma oficial única que funcione como la “casa común” del turismo nacional. No un simple directorio ni una campaña temporal, sino una guía viva, confiable, actualizada y estratégica que articule toda la información turística del país.
Dentro de las ventajas más importantes y valiosas, una Guía-País permite mostrar:
Destinos y subdestinos (regiones, corredores, pueblos, barrios, rutas).
Atractivos culturales y naturales con información práctica y actualizada.
Oferta de hospedaje, gastronomía y experiencias, segmentada por tipo y mercado.
Agenda de eventos, temporadas ideales y conectividad real.
Servicios turísticos y productos especializados (salud, bienestar, MICE, naturaleza, romance, turismo
rural, entre otros).
Siendo sinceros, más que “promocionar esto o aquello”, esta guía ordenaría al sector y facilitaría la toma de decisiones del viajero y del mercado profesional. La Guía-País es un instrumento basado en un Modelo de Colaboración Integrado, y por ello entiende el turismo como un sistema, no como silos o piezas separadas.
Es importante indicar que para que una plataforma de esta magnitud funcione, no basta con voluntad política o diseño digital. El modelo de colaboración interinstitucional establece roles definidos y corresponsabilidad que evidentemente toma tiempo desarrollar, pero ¡es posible!.
A grandes razgos, le comparto los 4 niveles esenciales que tiene:
Nivel 1: Coordinación nacional
Una instancia rectora que establezca la estructura de la plataforma, los estándares de información y calidad, la taxonomía común de destinos, regiones y productos turísticos y la infraestructura tecnológica, analítica e idiomática.
Nivel 2: Articulación regional, estatal y municipal
Cada estado, organizado por regiones turísticas reales (no solo administrativas), se convierte en curador de su contenido, priorizando la integración de subdestinos y rutas, valida y mantiene actualizada la oferta y funciona como el enlace ideal con municipios y comunidades.
Nivel 3: Integración empresarial
El empresariado turístico es el corazón del producto. En este nivel se establecen los mecanismos claros para incorporar hoteles, restaurantes, experiencias y servicios, se definen y aplican los criterios mínimos de calidad y formalidad y también se establecen los incentivos para mantener la actualización, la profesionalización y estimular la colaboración.
Nivel 4: Proyección internacional
Una vez que se tiene la información integrada, podemos pensar en la construcción de paquetes regionales listos para ferias internacionales, con narrativas claras por producto y mercado y extraordinarias herramientas B2B para operadores, compradores e inversionistas.
Como puede imaginarse, este modelo no centraliza el turismo, sino que lo coordina. No anula identidades locales, más bien las potencializa dentro de un sistema nacional.
¿Lo puede imaginar? Yo si, a partir de ello México puede presentarse al mundo por regiones y no por fragmentos.
Naturalmente, no pretendo pecar de inocente o soñadora, pero no podrá negarse que uno de los mayores beneficios de esta integración es la posibilidad de que México se muestre en ferias internacionales como un país de regiones turísticas articuladas, con productos completos y experiencias conectadas. Todo el mundo, con experiencia viejara o sin ella, entiende mejor una región con múltiples vivencias que una lista interminable de destinos inconexos, y exactamente así sucede en el mercado mundial.
Hablar de regiones es hablar de estancias más largas, mayor derrama económica, diversificación territorial y mejor distribución de beneficios. Es pasar del “venir y ver” al “venir y vivir”.
En síntesis, Integrar es hoy el acto más estratégico cuando entendemos que México no necesita más discursos sobre su grandeza turística. Necesita estructuras que la hagan visible, comprensible y comercializable de manera integral. La creación de una Guía-País oficial, sustentada en relaciones interinstitucionales sólidas, no es un lujo ni un proyecto accesorio, es una decisión estratégica de competitividad nacional.
Porque Integrar no significa uniformar, sino coordinar, dialogar y construir una narrativa común donde cada estado, región y empresario tenga un lugar claro. En turismo, el futuro pertenece a los países que entienden que la colaboración es el nuevo motor de la promoción.
Y así, hoy más que nunca, podemos poner manos a la obra sabiendo que integrar es gobernar, es competir, y es hacer que México se muestre al mundo como lo que realmente es: un país completo, diverso y profundamente vivo.
¡Hasta la próxima!
Gloria Romo
Es una empresaria hotelera, oradora y autora.
Fue Secretaria de Turismo del Estado de Aguascalientes. Es Contadora Pública y tiene maestrías en Desarrollo Turístico. Su empresa, Hotel La Gloria de Calvillo, se dedica a la hospitalidad, eventos y catering. También se dedica al desarrollo inmobiliario y a la producción de vino en Aguascalientes.