Por: Margarita Carbajal Carmona
Presidenta Fundadora FETUR Nacional
El turismo está entrando a una etapa extraña: una en la que ya no buscamos destinos; los destinos nos son sugeridos por sistemas que interpretan quiénes somos, qué hemos vivido, cuánto queremos gastar y qué estamos buscando sin decirlo. La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta para convertirse en la primera capa de decisión del viajero. Y el sector parece no haberse enterado. Mientras seguimos pensando en campañas, ferias y promociones, los motores de IA están aprendiendo, a una velocidad que no perdona, a recomendar experiencias completas, no listas interminables de opciones. Y ahí empieza la carrera para sobrevivir.
Lo que muchos no han entendido es que la IA no trabaja como Google. Google mostraba un océano de información; la IA entrega solo lo que considera relevante para cada persona. Pasa de buscador a decisor. Si una empresa turística no aparece en esa nueva capa de recomendación, deja de existir en la mente del viajero. No porque sea mala, sino porque la IA no la pudo leer. Ese es el riesgo verdadero: la desaparición silenciosa del mapa digital.
Ser visible para la inteligencia artificial no tiene nada que ver con la publicidad. Tiene que ver con estructura. Las empresas que quieran sobrevivir tendrán que dejar atrás las descripciones vagas, las fotos sueltas y las páginas improvisadas. La IA no interpreta intención; interpreta inventarios. Necesita horarios claros, precios actualizados, categorías, capacidad, ubicación precisa, reputación verificable, señales de confianza y datos consistentes. Si hay caos, la IA lo descarta. Si hay orden, lo recomienda. Así de simple.
Los destinos no están mejor preparados. Durante años nos hemos acostumbrado a acumular datos sin saber qué hacer con ellos. Es una especie de datitis crónica. Miles de reportes, gráficas, encuestas y PDFs que circulan entre dependencias sin que nadie los convierta en una estrategia viva. Es imposible aspirar a competir en un mundo comandado por IA si no existe un sistema que conecte la información, la interprete y la transforme en decisiones operativas. Los datos ya existen; lo que falta es inteligencia. Y sin inteligencia no hay soberanía turística posible.
El pulso de cualquier destino empieza en el municipio. Ahí se siente el cambio antes de que llegue a los indicadores estatales o a los informes federales. Pero un municipio sin estructura no puede sostener una estrategia estatal, y un estado sin lectura local no puede alinearse con la federación. La coordinación real entre los tres niveles de gobierno y el sector empresarial no es un ideal; es la única forma de que un destino pueda planear con evidencia y no con ocurrencias. Cuando el mapa está roto, los recursos se reparten por hábito o por influencia, no por necesidad. Y eso se paga caro.
Una Oficina de Turismo Inteligente no es un sello ni una certificación. Es un sistema operativo. Un espacio donde se interpreta la demanda, se detectan mercados emergentes, se ordena la oferta, se arman estrategias de promoción y se construyen las rutas de inversión. Un lugar donde las empresas no van a buscar un trámite, sino a entender cómo moverse en un mundo donde la IA será el nuevo intermediario. La tecnología no sustituye al ecosistema turístico; lo prepara para multiplicar sus ingresos y actuar con precisión, no con improvisación.
Lo que más frena la transformación no es la tecnología; es el mindset. El turismo mexicano aún opera con la lógica del pasado: proteger nichos, repetir lo que funcionó, sostener estructuras heredadas y temerle a cualquier cambio que implique transparencia y orden. Es comprensible: cambiar la forma de pensar cuesta más que comprar herramientas nuevas. Pero también es la diferencia entre avanzar y quedarse rezagado mientras otros destinos sí se preparan.
México tiene todo para dar un salto histórico: riqueza natural, diversidad cultural, reputación global y un sector empresarial que, con la guía adecuada, puede volverse una potencia de innovación turística. Pero nada de eso sucederá si la inteligencia turística no se convierte en política pública, si los datos no se ordenan, si las empresas no se estructuran y si la IA sigue avanzando sin que el país defina cómo quiere ser interpretado. La soberanía turística empieza cuando dejamos de reaccionar y empezamos a diseñar.
Sobrevivir al nuevo turismo comandado por IA no es una cuestión de suerte. Es una cuestión de preparación. Y quienes empiecen ahora no solo van a sobrevivir; van a liderar.
Margarita Carbajal Carmona
Actual Presidenta Nacional de la Federación de Empresarios Turísticos A.C. (FETUR). Con mas de 30 años de experiencia en el ámbito empresarial ha liderado proyectos exitosos en la industria, destacando como Directora General de MARTOM S.A. DE C.V., una reconocida Tour Operadora en Cozumel. Además, ha desempeñado roles clave en organizaciones de renombre, promoviendo el desarrollo de la implementación de tecnología en el sector turístico y la colaboración empresarial.